Diario JMJ Roma 2000


DIARIO DE LA PEREGRINACIÓN


Madrid, 10 de agosto de 2000

Algo grande va a pasar

Estoy un poco inquieto. Me he despertado enseguida, hoy no tenido la batalla cotidiana con el despertador. Hecho un vistazo rápido a ver si falta algo: mochila preparada, saco, esterilla,... Está todo.

Tengo un cosquilleo en el estómago: algo grande va a pasar. Y yo también voy a estar allí. De hecho, cuando llegué a la catedral donde ya se arremolinaba mucha gente y docenas de autocares iban engullendo las mochilas de los casi dos mil peregrinos, volví a tener ese mismo cosquilleo: "sí, vamos a participar de algo grande"...

El lanzamiento de este peregrinaje ha sido la misa con el Obispo Auxiliar de Madrid D. César Franco quien puso las cosas claras desde el principio: "no vamos a Roma de turismo, nosotros somos peregrinos que vamos a Roma a tener una experiencia preciosa de encuentro con aquel que es el sucesor de Pedro: el Papa."

¿Un sucesor de los apóstoles? ¡Qué suerte!

Pero había algo más: nos íbamos a encontrar con las huellas de Cristo en medio del mundo y con su pueblo, lleno de rostros de colores, de sonrisas nunca vistas, de una pluralidad sin límites.
La verdad es que el viaje prometía. Y yo estaba ya emocionado. Subimos a los autocares con prisa y con la incertidumbre de saber con qué y con quién me iba a encontrar. De repente me dí cuenta de una cosa: todos estaban contentos y desde el principio se notaba un ambiente, "un buen rollete", distinto. Vinieron los primeros saludos y ya te dabas cuenta de que veníamos no sólo de distintos lugares de Madrid sino también de diversas zonas de España: Granada, Bilbao, Asturias,... Fenomenal.

Después de casi 9 horas de viaje en autobús hasta Gerona, a cualquiera se le puede quitar algo de moral, pero me parecía curioso ver que el ambiente no había decaído. Es más, cobraba interés: ¡cuánta gente nueva a la que poder conocer!

El primer paso estaba dado. Fuimos poco a poco hasta la catedral. Allí nos esperaba otro de los obispos auxiliares que nos acompañaban, D. Eugenio Romero Pose, para rezar juntos vísperas. ¡Qué maravilla! ¡Qué cosa más preciosa de catedral! Se notaba algo denso entre los casi dos mil que estábamos allí. Se palpaba una atmósfera que ya nos sabía a algo de divino. Pero presiento que acabamos de empezar. A lo mejor me estoy autosugestionando, a lo mejor esto no deja de tener un poco de "psicología de masas", pero no puedo entender como después del cansancio del autocar pueda experimentar una paz y como "una alegría por dentro" que no me la he inventado yo. ¿Qué pasará mañana?.


Gerona, 11 de agosto de 2000

Asís: San Francisco y Santa Clara

Hemos dormido como hemos podido repartidos entre las aulas y el polideportivo de un colegio. Entre mogollón y mogollón nos hicimos un hueco e intentamos dormir. Lo típico, extrañas la cama y tu ducha. Pero bueno, ya empiezas a entender que esto no es "un crucero por las Bahamas". Hay detalles curiosos: había una chica que estaba un poco cortada porque nunca había dormido tan pegada a un extraño. Otra cosa: el mismo polideportivo que nos había servido como improvisado "mega-dormitorio" se convertía por la mañana en templo de la misa más concurrida de jóvenes que hasta entonces había visto.

Y después del desayuno que mi madre me metió en la bolsa (un melocotón, varios batidos de cacao con galletas —que devoro con ansia-) nos embarcamos en el autocar (acondicionado —menos mal-) que nos llevaría hasta Asís.

Asís: la cuna de dos de los más grandes y conocidos santos de nuestra historia occidental: San Francisco y Santa Clara. No sé si es por eso que en el autocar nos pusieran la película de los años 70 "Hermano Sol y Hermano Luna", que a algunos hizo las delicias para conocer un poco más la vida de estos santos y a otros —y me incluyo yo- nos ayudó a conocer más lo bien que te ayuda una buena banda sonora para coger ese sueñecito que da tanto gustirrinín cuando uno está cansado. Pero bueno, me atrevo a hacer esta confesión porque ya había visto la película en otra ocasión.

El viaje me ha dado la ocasión de comentar algunas cosas interesantes con los de asientos cercanos. Uno de ellos, Julio, de Fuencarral, me comentaba:

"En mi caso, el asistir a Paris, (último encuentro mundial de la juventud) no era por una motivación especial, quizás me atrevería a decir que me vi influenciado por las ganas que tenía de ver París más que de ver al Papa; pero una vez estando en el ambiente, la cosa cambió y la ciudad quedó en un segundo plano frente a las manifestaciones de júbilo que existían entre los distintos países... desde luego fue algo inolvidable para mí".

Para mí es la primera vez que asisto a unas Jornadas Mundiales de la Juventud y deseo que también sean algo inolvidable. ¿Me decepcionaré?

Pero ahora no es momento de mucho pensar sino de mucho hacer: llegamos cerca de la 1:00 de la madrugada al camping que nos ha acogido y hemos sacado "a tientas" las mochilas del autocar. Buscamos rápidamente el sitio donde los de organización nos indicó para acampar y... ¡aaahhhjjj! ¡las piquetas de las tiendas no clavaban! Y ahí nos veíamos todos, entre sudores y alguna que otra lagrimilla, con tesón y con esfuerzo intentando poner las tiendas de campaña que nos iban a alojar durante los tres días que íbamos a estar allí. Al final, mal que bien, colocamos las tiendas —aunque muchos decidieron dormir con el saco a la intemperie- y nos fuimos a que nos dieran la cena. Eran cerca de las 3 de la madrugada y comenzamos a ver milagros: una sonrisa acogedora a los jóvenes del camping que nos servían. Y esto tiene mérito porque su ritmo de vida es distinto al nuestro y para ellos las 10 de la noche es como las 12 en España. O sea, de quitarse el sombrero.


Asís, 12 de agosto de 2000

Caminando con San Francisco

Menos mal que nos hemos levantado a las 9:00 en vez de a las 7:00 como se tenía previsto. ¡ Hemos dormido la friolera de 5 horas ! Pero nada, la gente ¡tan fresca! Sobre todo las chicas... Aunque algunas me han confesado que no es porque tengan problemas de insomnio sino que cada mañana "la ducha" reclama el encuentro matutino. "¡ Y como somos tantas...!" — exclamaba Esther-.

Los chicos, no sé, pero es distinto. No hay que esperar tanto. No digo que nos duchemos pero... Quizá más rápido. vDespués del desayuno y de rezar "las Laudes" nos fuimos toda la peregrinación a la basílica de Santa María de los Angeles para celebrar la Eucaristía. Fue bonito el recibimiento por parte de uno de los "hermanos franciscanos" que en un mejicano fluido nos puso "las pilas" y nos introdujo en la realidad y belleza de San Francisco y la familia franciscana. Supimos que esta basílica se erige en el lugar donde se inició la primera comunidad franciscana.

Como buenos "domingueros" comimos de Pic-nic en la misma plaza a la salida de la Iglesia. La calidad de la comida era buena aunque para alimentar a los Pin y Pon (también hay que recocer que el "pranzo" italiano es más ligero que las comidas que hacemos en España). Después asaltamos todos los bares y heladerías del lugar haciendo acopio de anhelados cafés, refrescos, "birras" frías y helados.

Una vez repuestos, nos hemos dirigido de nuevo en peregrinación a Rivotorto, lugar donde se haya la primera casita donde habitaron San Francisco y sus primeros "frater". Estuvo muy bien hacer un poco de oración allí en la Iglesia que guarda en el interior de su templo dicha casita. Y repito lo de casita no porque me haya vuelto cursi de repente sino porque es la mejor definición: uno no se puede imaginar como podían vivir tantos en tan poco espacio. Pero claro, ¡ para qué necesita una casa aquel que tiene la naturaleza entera como la casa más grande del mundo! Bastaba un refugio donde no sucumbir ante las inclemencias del tiempo. Luego nos dirigimos a visitar San Damián, lugar donde San Francisco selló su llamada y se encontraba con Cristo Crucificado y Resucitado. En resumen: una tarde para acompañar a San Francisco en sus avatares por Asís.

Compras de recuerdos, helados, canciones, sonrisas por doquier, continúa el buen ambiente,... Hay dificultades, hay esfuerzos, cuestas enormes que subir (y esto es literal), renuncias, cansancio, pasta to’ los días pa’ comer (¡qué bien!). Tantas cosas pueden surgir en esta aventura de ser "romero"-que así nos llamamos los peregrinos a Roma- que hacen de cada día una sorpresa maravillosa. Lo difícil, lo que supone un esfuerzo, cuesta menos cuando uno tiene algo grande que encontrar. Y así me voy al saco, con el cuerpo cansado pero con el corazón lleno de algo Bello que merece la pena.


Asís, 13 de agosto de 2000

Un día completo

"¡Uahhhhh! ¡Qué sueño! ¡Qué sueeeeeeeññññoooo!" Abro la cremallera de la tienda... Pero, ¿cómo es posible que la gente esté tan despierta? Bueno, allí veo uno con los ojos cerrados y va andando. Parece un zombi. Pasa a mi lado. ¿Me ha dicho "buenos días"? ¡¡Me ha dicho "buenos días"!! Y me lo ha dicho amablemente... ¡Qué detalle! Pero no él sólo, luego han venido más y ha pasado lo mismo. Y no los conozco de nada. Yo me he dedicado a hacer lo mismo y la respuesta ha sido genial. Todos me respondían sonriendo y ya no me sentía cansado. ¡Tengo ganas de empezar el día!

Hoy la propuesta es muy tentadora: ¡nos vamos al lago Trasimeno! Algunos han decidido quedarse y visitar Asís "a fondo" y más tranquilos. Mi grupo y yo hemos decidido irnos al lago a darnos un baño y hacer un día de relax. Nos hemos trasladado en los autocares y... ¡Vaya montaje! Parecía aquello las playas de Porto-Banus, rápidamente nos cambiamos de ropa en unos estupendos vestuarios playeros y nos vamos efusivos hacia el agua "azul?" que nos espera... Dos pasos más y dispuestos a tirarnos de cabeza... Y... ¡¡¡qué marav... illoso ASCOOO!!! ¡El agua está llena de algas y pisar el suelo es como pisar las tripas de un Alien! Muchos peregrinos, incluido yo, salimos del agua con la misma velocidad que entramos pero con distinta cara. De todos modos nos consolamos con tomar el sol, con una refrescante ducha en medio de las arenas playeras y un poco del siempre divertido boley-playa: que por cierto era un motivo de encuentro entre peregrinos de distintos grupos o parroquias.

Tras la comida pic-nic y los cafés capuchinos y helados de turno, hemos cogido los autocares y nos hemos vuelto a Asís para tener el Encuentro con el Cardenal Antonio María Rouco Varela que nos acompañaría desde ese momento todos los días hasta nuestro retorno a Madrid. Presidió la misa en la Basílica de San Francisco y todos nos quedamos admirados de la belleza de la Iglesia y de sus alrededores. Al final, en una explanada de la basílica, los franciscanos tenían un espectáculo muy divertido donde hacían bailar a todo el mundo a ritmo de "Paquito-Chocolatero" pero a "la italiana". Y los hermanos y las hermanas franciscanas pegaban botes a lo Michael Jackson enseñándonos la coreografía en cuestión pero, eso sí, religiosamente vestidos con sus hábitos. Nunca había pensado que los frailes tuvieran tanta buena marcha. Aquello se me ha quedado grabado en la retina... Para que luego digan que somos unos muermos...

Pero para colmo de fiestas no queda ahí la cosa porque después de cenar tuvimos una vigilia de oración junto con el Cardenal y los Obispos, y con el Espíritu Santo como protagonista; y seguidamente el famoso "CHUPI-CHOW": actividad lúdico-festiva, una gran velada con casi 700 personas (las que no se fueron a dormir) y donde hubo de todo: representación por parte del grupo de Santiago de Compostela que nos acompañaba, canciones por parte de Miguel (un peregrino que toca la guitarra increíblemente y que lo hace casi mejor que Silvio Rodriguez), aprendimos el canto ENMANUEL (himno oficial de las JMJ) y tuvimos al mismísimo David Copperfield reflejado en nuestro siempre querido Ángel Bartolomé —que muchos y sobre todo, muchas, todavía se preguntan cómo es posible que este chico esté en el Seminario de Madrid-. ¡Ah! Y luego nos quedamos bailando (con la compañía de algún obispo que todavía quería seguir de marcha con nosotros) al mejor estilo disco-pub, pero eso sí, ¡de buen rollete! Total: una gozada.


Asís, 14 de agosto de 2000

Nuestra meta: Roma

¡Asís, Asís,... Asís se va Madrid! ¡Hoy nos vamos a Roma! Recogemos entre bostezo y bostezo las mochilas y las tiendas de campaña. Después, subimos al "Eremo", lugar donde S. Francisco se retiraba a contemplar y a orar, en lo alto del Monte Subasio. ¡Qué subida!, yo creía que me ahogaba, ya no sentía las "piennas". El Cardenal iba a la cabeza de la marcha y nos llevó a un ritmo de vértigo, no sé de donde sacaba las fuerzas. Más tarde, bajamos a san Rufino a celebrar la misa con el Cardenal y comimos otra vez de Pic-nic (o Picnnic o Piknik o como se escriba).

Hablando de Cardenal y Obispos, mucha gente piensa que son gente rara, fuera del mundo, es decir "que no están a la onda" y que en el fondo son una panda de carcamales retrógrados. Pues, lo siento, pero eso no es lo que yo he visto y lo que he podido descubrir cuando he estado charlando con ellos. Me ha sorprendido muchísimo a mí también porque me han parecido personas estupendas y de una finura muy grande. Muy cercanos a todos, muy alegres, muy dispuestos a dejarse la piel por la gente y a estar al lado de todos. Muy sencillos y muy amables. Muy cariñosos y muy inteligentes. Y muy, muy..., bueno al Cardenal, si no tiene una buena megafonía al lado, no se le entiende bien, pero no porque no se explique sino porque no tiene buena voz. Para mí ha sido un descubrimiento enorme lo enterados que están los obispos de lo que pasa en el mundo y la luz que tienen para ver las cosas que pasan... No por nada, se dice que son los "sucesores de los apóstoles".

Llegamos bastante tarde a Roma, pasadas las 11 de la noche. Con soltura nos hemos bajado de los autocares y nos hemos dirigido a los pabellones destinados a nuestro alojamiento. Había tres cosas que enseguida nos llamaron la atención: que los pabellones eran enormes, que el sistema de duchas y de lavabos (al aire libre) eran de lo más ingenioso y que teníamos váteres químicos con forma de cabinas telefónicas. Y otra cosa, el sistema de comidas lo daba una empresa ("Sodex Ho") que fue de lo más original: nos daban una comida caliente y un segundo plato frío. El plato caliente te lo preparaban en el momento en una especie de "paelleras gigantes" especiales para hacer la pasta y luego te lo daban en unos "tapper-ware" con la cantidad para 6 personas —número preciso en el que nos teníamos que reunir para recoger la comida-. Destacar el agua: era "gassatta" (con gas); a los italianos les mola un montón pero a la mayoría nos daba un poco de cosa (era como beber agua con "peta-zeta").

Ha sido maravilloso ver como la gente nos preguntábamos unos a otros de qué lugar de España éramos, nos deseábamos que tuviéramos unos días estupendos en Roma y nos uníamos a cantar con los de Málaga o los de Santiago. El clima estaba creado, los días que iban a venir se prometían intensos... Pero eso es cosa de mañana, yo me doy una ducha y al saco.


Roma-CommerCity, 15 de agosto de 2000

700.000 Jóvenes

Hemos dormido en suelo de cemento, unos 500 por pabellón. No se me ocurrió contar los pabellones que llenábamos de aquel recinto parecido al IFEMA de Madrid, pero uno de los organizadores me contó que estábamos unos 8000 de toda España.

No han faltado la oración de las "laudes" animada por el grupo de liturgia de Madrid. No sé por qué pero casi me he emocionado rezando. Puede ser que me esté sugestionando por todo lo que pasa o está ocurriendo, pero sé que hoy Dios está con nosotros.

Con la Eucaristía nos hemos preparado para el Encuentro con el Santo Padre y el comienzo de las Jornadas. Las dificultades van apareciendo: el calor se nota sofocante y pegajoso, tenemos un kilómetro de distancia hasta la estación de tren más cercana (llamada Pontegaleria), el tren nos va recogiendo cada 20 minutos y sólo entran unos 1000 cada vez... Pero en la estación, a pesar del calor, de la espera, se escuchan continuamente jóvenes cantando canciones populares o más de la Iglesia, canciones de animación o las mejores de Manolo Escobar. El ambientazo bulle y eso se nota, se palpa, se mastica...

Entramos en el tren... ¡Menos mal, aire acondicionado! Buscamos el mapa de Roma en la estupenda bolsa que nos han regalado, miramos el recorrido más corto para llegar a la plaza de San Pedro. Llegamos como una hora antes del comienzo de todo... Riadas de jóvenes portando las banderas de sus países van arremolinándose al punto de encuentro, a la Plaza, a la "via de la Conciliacione",... Uff, esto es demasiao’. No sé si mis padres lo estarán viendo por la TV pero esto es indescriptible. Las callejuelas cercanas a S. Pedro están tan pobladas que hay peligro de cargas y avalanchas, pero aunque hay lipotimias, desmayos, la gente se solidariza en seguida y no se nota nerviosismo. Me comentaba un amigo: "si esto fuera una concentración de un partido de fútbol, aquí habría muertos; pero aunque habiendo peligro por toda la gente que estamos, no pasa nada grave. Curioso."

El Papa ha estado sobrado, como la Plaza... Nos ha contado un poco de su vocación y de su historia, nos ha saludado a todos los países, ha cantado y bailado con nosotros, nos ha lanzado el desafío: "¿para qué habéis venido? ¿a quién buscáis?" La respuesta es Él: a Jesucristo Resucitado. Que ahora se hacía más palpable entre nosotros. El inefable se hacía presente y reconocible.

Un pensamiento circula inmediatamente por mi cabeza: "en cuanto llegue a Madrid me hago con el discurso de bienvenida del Papa, no tiene desperdicio".

La vuelta ha sido un poco compleja, desocupar casi 700.000 jóvenes es toda una odisea. Casi nos dejan sin poder montar al último tren que nos lleve de vuelta a Pontegaleria. Tengo la sensación de que los transportes van a ser el gran "agujero negro" de Roma. Pero bueno, somos jóvenes (o al menos eso siempre se dice en estos casos).


Roma-CommerCity, 16-17 de agosto de 2000

¡Roma está tomada!

Es imposible pararme un momento a escribir... No hay tiempo para nada, los días se suceden y esto es un "frenesí de movimiento". Aunque nos levantamos más o menos a la misma hora, ocurre que los grupos de origen se van organizando el día según lo ven más provechoso. Es normal, porque es imposible desplazarse por Roma en grupos mayores de 40 personas. ¡Es difícil mantener reunido incluso a un grupo de 10 personas! Hay un comentario generalizado: "pues ayer, "fulanito" o "menganita" se perdió de nuestro grupo y tuvo que volverse solo/a pero no pasó nada y encima dice que se lo pasó bien"... O cosas parecidas...

Si hubiera que ponerle un título a estas jornadas sería: "¡Roma está tomada!", o "¡Todos los jóvenes del mundo están aquí!"; y ciertamente es así porque al menos hay una representación de todos los jóvenes del mundo en Roma. Mi grupo nos hemos dedicado a intercalar lo espiritual con lo turístico. Aunque hay que decir que lo turístico en Roma, en el fondo, está cargado de espiritualidad, de sabor cristiano. Incluso hasta las piedras de lo que se conserva de la Roma de los Emperadores. La gente se mueve en un incesante entrar y salir de Iglesias, de las basílicas, de exposiciones, de actuaciones en la calle, de las docenas de catequesis que se dan en distintos idiomas y en distintos puntos de Roma. Nosotros tuvimos principalmente: la de nuestro Cardenal un día y al día siguiente la del Arzobispo de Méjico.

"¡OYE PONEROS AQUÍ PARA LA FOTO!", "sí, sí, otra foto aquí", "¡una sonrisa por favor!",... "Patata, patata, paaa,...". Y un flash, y otro, y otro por allí. Y una canción por aquí y un "¡viva Alemania!" por allá. Unos se hacen fotos con otros de un país distinto. Mi grupo, por ejemplo, nos hicimos una foto bien chula con unos jóvenes de unas islas perdidas del pacífico que iban vestidos con sus trajes típicos. ¡Esto es a lo que yo le llamo intercambio cultural! (y me pregunto: ¿y hasta allí ha llegado el Evangelio? ¡qué fuerte!).

Se me ocurre escribir tantas cosas, pero es imposible. Por ahora me lo voy guardando todo en el corazón y ya lo iré sacando poco a poco. Me acuerdo de lo que me ha dicho Domingo: "a mí cuando me pregunten no voy a saber qué decir; si acaso sólo me sale una palabra : increíble, increíble...".

Intercambiamos las banderas unos con otros: nos sentimos todos hijos de nuestra patria pero a la vez sentimos la del otro como la nuestra. Somos ciudadanos del mundo. Y nos sentimos ciudadanos del Cielo —que me imagino que también será algo parecido a estos días-.

Las dificultades de mil caras, los cansancios, ¡el calor!, hace mella en nuestras caras pero también se refleja una alegría distinta. Y para colmo, por la noche también hay en el Commercity —donde nos alojamos- algunos Chupy-Chows. En el de ayer actúo Migueli (un afamado cantautor cristiano) y el grupo de danza y teatro Bhairava (grupo de la parroquia de la Epifanía del Señor) que de modo profesional nos deleitó con una representación de danza y teatro bellísima (siento parecer más cursi que las coletas de la Barbi pero es que no me atrevo a decirlo de otra manera). Y en el Chupy-chow de mañana, organizado por la Conferencia Episcopal, van a estar Migueli (que repite), la soprano-pop Sonia Terol y Carlos Núñez (sí, el de la gaita). ¿No está mal, verdad?


Roma-CommerCity, 18 de agosto de 2000

Vamos a encontrar la Verdad, la Belleza y la Paz

Son las 8:00 de la mañana... Uaaaaaaahhh... No me tengo. Me incorporo del saco, pero me vuelvo a caer. Doy un vistazo a mi alrededor, parecemos los bailarines que acompañan a Michael Jackson en "Thriller". Ahora, eso sí, yo no sé que pasa pero las tías siempre van perfectas, tan peregrinas, tan normales, tan puestas,... Claro, se deben levantar a las 6:00 para prepararse, porque si no, yo no lo entiendo. Está gracioso, te vas a los lavaderos y allí te parece que estás en una peli de Almodobar: uno lavándose los dientes, otro se afeita como puede, el otro se lava la cara, otro lava la ropa de una semana y dos están hablando de no se qué pero no dejan de reir. Todo tan normal como si estuvieras en tu propia casa. Lo cierto es que hoy es especial. Hoy vamos los de Madrid en peregrinación para entrar por la puerta santa y entrar en San Pedro.

La mañana la pasamos por Roma entretenidos en lo mucho que nos queda por ver y el poquísimo tiempo que tenemos. Además nos hemos acercado hoy a la Iglesia de San Gregorio donde hay un Café Internacional, donde puedes dialogar, informarte, chatear por Internet, ver la exposición o tomar un café, con chavales anglicanos y sobre el diálogo ecuménico católico-anglicano. También estuvimos participando de la oración llamada "Intermedia" que rezaban en ese momento unos monjes —bastante jóvenes, por cierto- que nos hizo entrar en lo sobrenatural. Fue precioso, nos estuvimos más de media hora haciendo oración con ellos . A la salida comentamos que nos sentíamos llenos y Miriam me confesaba: "vaya, ahora empiezo a entender la importancia que tiene hacer oración".

La tarde iba a tener un sabor especial. Todos los madrileños nos juntamos en una de las plazas estratégicas de Roma para andar junto con el cardenal y los obispos en procesión a la Basílica de San Pedro. Este momento lo recordaré —yo creo que todos- como uno de los momentos más maravillosos de mi vida.

Nos dirigíamos en procesión multitudinaria a la "magna Iglesia" todos unidos, todos anhelantes de traspasar la puerta santa. Muchos se habían confesado, pero otros aprovecharon este momento para hacerlo. Todos querían entrar por aquella "puerta de la gracia" con el corazón bien dispuesto. Era precioso acercarse todos juntos, como un solo cuerpo, rezando, cantando,... El ambiente era insuperable. Nos íbamos acercando a la puerta y muchos grupos de amigos entraban con las manos unidas, como buscando sellar algo para toda la eternidad. Aquello me resultaba como si eso fuera el anticipo de lo que podía ser la muerte y el Cielo al final de esta vida: "todos los hombres que habían estado peregrinando por esta vida llegaban juntos a entrar por la puerta del Cielo para quedarnos allí para siempre. La emoción y las lágrimas de alegría brotaban de los rostros de muchos porque al final íbamos a encontrar la Verdad, la Belleza y la Paz, tan anhelada en la vida." Y algo fue así. Entrar a San Pedro, fue como cambiar de nivel, como sentirte hijo de una familia, único para Dios pero unido a todos,... aquella música de fondo, la oración, la gente arrodillada, las lágrimas, la belleza del templo, el corazón pleno, la realidad de armonía, la sencillez del camino, el amor y la esperanza que sentías,... No pude más que arrodillarme y decir: "Señor ten compasión de mí". Y así me quedé por bastante tiempo que me sabía a un segundo.

Las palabras se me han quedado frenadas en la garganta. Que cada uno lo exprese como pueda y como lo vivió. Yo entendí, aunque ahora no voy a explicarlo, aquella frase de Dostoyeski: "Y la belleza salvará el mundo".


Roma-CommerCity, 19 y 20 de agosto de 2000

Tor Vergata y vuelta a casa: 2.000.000 de jóvenes

Mi diario se está acabando, no hay momento para escribir unas líneas y busco cualquier rincón para vomitar estas palabras en mis hojas, aunque la mayoría de las veces se me queden en blanco por no saber plasmar aquello que estoy viviendo. Hoy nos hemos levantado para "la sorpresa final". Si la cosa hubiera terminado ayer yo me habría ido feliz a casa pero parece que el Señor quiere desbordarse con todos.

No sabemos lo que hay preparado, sólo tenemos en mente que tenemos que llegar. El camino hasta Tor Vergata sigue la tónica general de las jornadas: está repleto de cansancio, calor y dificultades.

Los jóvenes voluntarios —que hasta ahora no había hablado de ellos- siguen siendo un ejemplo para nosotros. Siempre dispuestos, siempre contentos, siempre intentando echarte una mano... Ha sido un lujo haber podido estar en manos de 25.000 voluntarios italianos, los chichos y chicas de la camiseta azul, que son los que han hecho que dos millones de jóvenes pudiéramos movernos por Roma (¡estaban hasta en los cambios de los metros o trenes para informarte!).

No voy a hablaros de las cajas de comida que fueron, como la mayoría sabe, una pequeña cruz. Poco a poco nos acercábamos al lugar que nos correspondía y ya se notaba que éramos una multitud inmensa. Tor Vergata es difícil de comunicar: en un punto en la lejanía encontrabas el escenario pero en el resto de los cuatro puntos cardenales casi —al menos donde yo estaba- no podía apreciar hasta dónde llegaba la gente. El bullicio o la multitud es un término que se quedaba estrecho. Esto era una locura de jóvenes. No me extraña que el Papa se emocionara y pidiera que el helicóptero que le llevaba diera varias vueltas alrededor del lugar. Aquello, visto desde el cielo debía ser algo fuera de serie. No era sólo todos los que estábamos, era la ilusión, la unidad, la realidad inmensa que ahora se expresaba en todo su fulgor y que nos había estado acompañando todos los días.

La vigilia fue un verdadero "espectáculo": no sólo porque tenía la estructura y la forma de desarrollo como un espectáculo de variedades de cualquier cadena de televisión, sino que era "verdadero" porque los cantos, los bailes, los testimonios, las palabras del Papa, los fuegos artificiales... todo hablaba de la Verdad de la vida cristiana. No quiero entrar en detalles porque siento que puedo traicionar la realidad de este momento vivido. Prefiero que cada uno pregunte a un amigo que ha estado y que pida que le explique lo que vivió.

A la mañana siguiente en medio de un calor cercano a lo insoportable nos lanzamos temprano a vivir con intensidad la misa que sería colofón a estas jornadas. Las palabras del Papa, como las de ayer, nos han tocado en lo más hondo de nosotros mismos. Y de hecho sé que ya no voy a ser lo mismo. Seré el mismo pero no lo mismo. Hoy he dicho a Jesús, el Cristo, el Señor que sí, que quiero seguirle, que quiero ser discípulo suyo. Hago mía la invitación del Papa:

"Muchas palabras resuenan en vosotros, pero sólo Cristo tiene palabras que resisten al paso del tiempo y permanecen para la eternidad. El momento que estáis viviendo os impone algunas opciones decisivas: la especialización en el estudio, la orientación en el trabajo, el compromiso que debéis asumir en la sociedad y en la Iglesia. Es importante darse cuenta de que entre todas las preguntas que surgen en vuestro interior, las decisivas no se refieren al "que". La pregunta de fondo es "quién"; hacia "quién ir", a "quién" seguir, a "quién" confiar la propia vida."

Yo también, junto con otros miles de jóvenes, quiero dar mi "sí" a este Quien que descubro como Aquel que me llena la vida y me lanza a vivir. Eres tú Jesús mi "único bien" y si no lo eres quiero que lo seas...

... Estoy mirando el paisaje por la ventana del autocar. Han sido tantas cosas que siento que podría escribir varios volúmenes. Supongo algo de lo mismo nos está pasando a todos. Los rostros de mis compañeros muestran cansancio pero una alegría inefable y transformada. Si no hubiera estado allí habría pensado que toda esta buena gente que me rodea se habría fumado algo,... pero yo sé que no es así. Me acuerdo, entre paisaje y paisaje, de aquella frase popular: "por los frutos los conoceréis". Pues eso, por los frutos que nos llevamos todos podrán ver que esto es verdad.

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